Genio

el

Grandísimo poeta francés que fue Arthur Rimbaud (1854-1891), caracterizado por expresar su estilo simbolista, gracias a su exploración sobre el subconsciente individual y su expermientación con el ritmo y las palabras. Rimbaud sorprende que al tener entre 16 y 19 años edad haya tenido un increíble talento, que causó tanta envidia entre sus contemporáneos, tras solo haber escrito durante solo esos tres años la totalidad de su obra. Su obra popular fue “Una temporada en el infierno” (1873), pero claramente sin olvidar la recopilación del resto de sus creaciones en “Iluminaciones” (1886).

Creador de la poesía moderna (al menos francesa), un colosal genio en el sentido poético de la palabra. He aquí que comparto “Genio”, su última poesía, su último logro, tanto en su lengua nativa como en la correspondiente traducción. Un verdadero genio.

Génie

Il est l’affection et le présent, puisqu’il a fait la maison ouverte à l’hiver écumeux et à la rumeur de l’été, – lui qui a purifié les boissons et les aliments – lui qui est le charme des lieux fuyants et le délice surhumain des stations. Il est l’affection et l’avenir, la force et l’amour que nous, debout dans les rages et les ennuis, nous voyons passer dans le ciel de tempête et les drapeaux d’extase.

Il est l’amour, mesure parfaite et réinventée, raison merveilleuse et imprévue, et l’éternité : machine aimée des qualités fatales. Nous avons tous eu l’épouvante de sa concession et de la nôtre : ô jouissance de notre santé, élan de nos facultés, affection égoïste et passion pour lui, lui qui nous aime pour sa vie infinie…

Et nous nous le rappelons, et il voyage… Et si l’Adoration s’en va, sonne, sa promesse sonne : “Arrière ces superstitions, ces anciens corps, ces ménages et ces âges. C’est cette époque-ci qui a sombré !”

Il ne s’en ira pas, il ne redescendra pas d’un ciel, il n’accomplira pas la rédemption des colères de femmes et des gaîtés des hommes et de tout ce péché : car c’est fait, lui étant, et étant aimé.

O ses souffles, ses têtes, ses courses ; la terrible célérité de la perfection des formes et de l’action.

O fécondité de l’esprit et immensité de l’univers.

Son corps ! Le dégagement rêvé, le brisement de la grâce croisée de violence nouvelle !

Sa vue, sa vue ! tous les agenouillages anciens et les peines relevés à sa suite.

Son jour ! l’abolition de toutes souffrances sonores et mouvantes dans la musique plus intense.

Son pas ! les migrations plus énormes que les anciennes invasions.

O lui et nous ! l’orgueil plus bienveillant que les charités perdues.

O monde ! et le chant clair des malheurs nouveaux !

Il nous a connus tous et nous a tous aimés. Sachons, cette nuit d’hiver, de cap en cap, du pôle tumultueux au château, de la foule à la plage, de regards en regards, forces et sentiments las, le héler et le voir, et le renvoyer, et sous les marées et au haut des déserts de neige, suivre ses vues, ses souffles, son corps, son jour.

Genio

Él es el afecto y el presente pues ha hecho la casa abierta al invierno espumoso y al rumor del verano, él, que ha purificado las bebidas y los alimentos, él, que es el encanto de los lugares huyentes y la delicia sobrehumana de las estaciones. Él es el afecto y el porvenir, la fuerza y el amor que nosotros, detenidos en la rabia y el hastío, vemos pasar en un cielo de tormenta y en las banderas del éxtasis.

Él es el amor, medida perfecta y reinventada, razón maravillosa e imprevista, y la eternidad: amada máquina de cualidades fatales. Todos hemos pasado por el espanto de su concesión y de la nuestra: gozo de nuestra salud, arrojo de nuestro poder, afecto egoísta y pasión por él que nos ama por su vida infinita…

Y nosotros lo convocamos y él viaja… Y si la Adoración falta, suena, su promesa suena: “Atrás las supersticiones, los cuerpos antiguos, las conjuras y las edades. ¡Esta es la época que ha naufragado!” Él no se irá, no volverá a bajar de un cielo, no ha de consumar la redención de la cólera de las mujeres ni la alegría de los hombres ni todo este pecado: pues se ha cumplido, siendo él y siendo amado.

Su aliento, su cabeza, sus rumbos; la terrible celeridad de la perfección de las formas y de la acción.

¡Fecundidad del espíritu e inmensidad del universo!

¡Su cuerpo! El desprendimiento soñado, el quebranto de la gracia traspasada de violencia nueva.

¡Su vista! Todas las antiguas genuflexiones y los castigos levantados tras su paso.

¡Su día! La abolición de todo sufrimiento sonoro y ¡Su día! La abolición de todo sufrimiento sonoro y móvil en la más intensa música.

¡Su paso! Las migraciones más enormes que las antiguas invasiones.

¡Él y nosotros! El orgullo más benévolo que las caridades perdidas.

¡Oh mundo! Y el canto claro de las nuevas desdichas.

Él nos ha conocido a todos y a todos nos ha amado. Esta noche de invierno, de punta a punta, del polo tumultuoso al castillo, de la muchedumbre a la playa, de mirada en mirada, con fuerzas y sentimientos agotados, sepamos saludarlo y verlo, y despedirlo, y bajo las mareas y en las cimas desiertas de nieve, sigamos sus miradas, sus hálitos, su cuerpo, su luz.

 

 

“El caminante sobre el mar de nubes (1817-1818)” de Caspar David Friedrich

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